Va por Santi – Lucía Mbomío

Por 09/03/2015 Sin categoría Sin comentarios

Cuéntame, Lu, ¿qué peliculita quieres aquí? Y yo se la contaba y él ponía imágenes a las palabras sin despeinarse. Las mejores imágenes, porque era soberbio, porque tenía una sensibilidad tremenda y porque veía el mundo en planos para que el resto pudiéramos mirarlo mejor y observar su belleza en el peor de los paisajes. 

Cuando la jornada se hacía larga me lanzaba alguna de sus pullitas clavándome sus ojos azules mientras aguantaba la risa hasta que explotaba. Y entonces salía él, el de la sonrisa perenne; el niño adulto con canas que enamoraba a todos; el que se quedaba conversando horas con Doña Juana, una mujer a la que la diabetes dejó sin piernas, porque le recordaba a su abuela; el que se entendía con todos hablando algo parecido al inglés; al que recuerdan todos y al que ninguno olvidaremos… 

Me gustaba su vitalidad de “disfrutón” que hacía que no pasara por la vida sino que se la zampara y  también su curiosidad inmensa que le convertía en “todólogo”. Hablaba de motos, sí, que le encantaban, pero también de animales, de religión, de política o de los programas de Íker Jiménez que hacían que cada vuelo fuera más corto. Nos confrontaba y se imponía con su voz grave y con su sentido común carente de pendantería en las charlas de la cena en el hotel. Siempre  llegábamos agotados después de un largo día de trabajo y mientras los demás nos caíamos sobre el plato, él lleno de energía todavía, apuraba su fuentaza de pasta carbonara de medio kilo. A veces, incluso repetía, pero seguía largo y fino ya que le consumía la actividad.  Continuamente viajando y nutriéndose del mundo y de sus historia para regresar siempre a su Madrid, a su madre y a su novia, porque, por mucho que lo recorriera él sabía que su lugar era su gente que le adoraba, le adorábamos y le echaremos siempre de menos.

Un abrazo, Santi. 

Firmado, Lady peliculitas.

Lucía Mbomío